Puerto de Escape, mon amour

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Marcelo Novoa fue el primer ser humano que conocí —en persona y en tiempo presente— que compartía también una intensa pasión por la ciencia ficción. El primero. Y no puedo dejar de hacer énfasis en ese detalle. ¿Se lo imaginan? Ahí estaba mí ídolo de Internet, al fin, en carne y hueso. En esos tiempos yo no usaba Facebook ni tenía Instagram, pero, cuando había empezado mi búsqueda por libros escritos en Chile similares a esos otros que deslumbraron mi adolescencia, el nombre de Marcelo apareció rápidamente en los resultados de Google. «Editorial Puerto de Escape». Era real, era cierto. Existía una editorial especializada en estas cosas tan raras. ¡Era real, completamente real! Aún recuerdo la emoción de aquel descubrimiento. Me tocó encontrar este mundo literario en un período de interregno: ALCIFF aún no nacía y el club previo, la SOCHIF, era parte de una historia que me precedía. A FICCIONAUTAS, por otro lado, los descubría también ya muy tarde. Pero existía este bastión, esta editorial ubicada en Valparaíso. Recuerdo perfecto, y no miento ni exagero, que pensé: «Algún día publicaré con ellos». Este texto es mi debido homenaje.

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Puerto de Escape tiene un origen mitológico. Pregúntele a Marcelo, su editor y fundador. No quiero arruinar la historia, porque amerita ser contada por él. Solo puedo asegurar que su inicio tuvo un elemento esencial para odiseas y locuras como la que se proponía: surgía de la intención de ayudar a otros y surgía impulsada por una amistad poderosa y hermosa. Eso fue el cimiento de todo, la base sobre la que se sostiene su recorrido posterior. Y vaya que ha sido un soporte tremendo: este año se cumplen 15 años de su existencia. 15 años publicando literatura fantástica al sur del mundo.

La primera vez que nos encontramos fue en ese lanzamiento doble de la Biblioteca de Santiago. Salían a luz los libros Aunque tal vez solo seamos los dioses de las hormigas, de Jorge Alberto Collao, y Próximo destino y otros relatos de XS 200, de Cristian Briceño. ¡Más encima, mi primera experiencia fue con un lanzamiento de lujo! Yo estaba eufórico. Era un sueño estar viviendo ese momento. Ese mismo día conocí a tres personas más: a un muy serio y formal José Hernández Ibarra (por aquel entonces conocido como JH Magno) junto a su futura esposa, Natalia Vásquez. Y, el tercero, sentado cerca de mí en el auditorio, era un próximo a ser abogado, Mario Bustos Ponce, aún sin libros publicados de por medio. Sentí que había encontrado mi sitio. Entre ellos, pensé, calzaba yo. Y no me equivoqué. Todos terminamos convertidos en amigos hasta el día de hoy. Así me recibió Puerto de Escape: como el hogar que siempre supe que debía existir.

Pasaron los años. Mario publicó su primer libro, Los vástagos de la mente, y yo publiqué un artículo sobre su obra (que me encantó), titulado «Nuestra propia distopía». Donde fuese que ocurriera algún evento, allá partía yo. ¿Valparaíso? Tomaba el bus desde Santiago o le pedía prestado el auto a mi mamá. Siempre hubo forma. Siempre lo disfruté. Siempre se sintió como el lugar correcto donde estar. La amistad con Marcelo comenzó a tomar forma y de a poco fui conociendo el vasto territorio de la ciencia ficción chilena. ¿Y quién estuvo ahí para guiarme? Pues, quién más: Marcelo. Mi maestro. Mi amigo. Si supieran todas las risas y conversaciones que hemos compartido. Gran parte de mi filosofía la forjé mirándolo a él, observando la forma en que hacía sus cosas. Alguien podrá estar pensando a estas alturas: «ya, le está poniendo demasiado color, cómo tanto». Quizás sí, porque tengo un sesgo, el mismo que me ha permitido lograr lo que he logrado en las letras —nunca solo, siempre bien acompañado—, y es el sesgo de notar y destacar las virtudes de lo que hace el resto. Marcelo no es perfecto, ni yo soy perfecto. Puerto de Escape no es perfecta ni mucho menos: ha tenido sus errores, sus condoros, lo que quieran. ¿Y? Para eso se forma comunidad, para levantarnos y mejorar. Es como cuando se explica la razón de porqué la ciudad de Nueva York es tan increíble: no es porque lo sea por sí sola, como algo estático, no. Es increíble porque su gente la hace increíble, porque así lo creen y así lo proyectan. Si no me cree, bueno: lance la primera piedra. Con cariño.

 

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Llegó el día: publiqué con Puerto de Escape el año 2018… Uno de los mejores días de mi vida. A Marcelo le gusta contar que intuía que tarde o temprano yo le propondría algún manuscrito, que ya llevaba demasiado tiempo dando vueltas por aquí y por allá. Tenía razón, por supuesto. Y yo sabía que él sabía, de alguna u otra forma. Pero esperé hasta el momento en que me sintiera con el derecho a proponerlo. Fue una experiencia maravillosa. Me quedaría corto de palabras si intentara explayarme. Dejo la anécdota, eso sí, que fue Marcelo quien escogió el nombre del libro: Más espacio del que soñamos. Algún día les contaré el que había escogido yo. Sobre este, en palabras de mi querido amigo: «parece nombre de película gringa evangélica mal traducida». Cómo no quererlo, ¿ah? Lo cierto es que yo había hecho mis tareas: ya sabía que, al final del día, el editor era quien debía darle forma final al libro, quien debía descifrar la locura del escritor para intentar darle un sentido que pudieran juntos compartir con el mundo. Con alegría recibí todas sus propuestas y no me arrepiento de nada. Es más, se las agradezco cada vez que puedo: ese librito fue capaz de ganarse una linda crítica en Amazing Stories y, hoy en día, espera la adaptación fílmica de uno de sus cuentos (Baldomero, por Jorge Zavala, basado en el cuento «La herradura entre las zarzamoras», que, a su vez, recibió un spin off por parte de Claudio Soto Molina). Y no solo eso: realmente nos mandamos un tour, cual banda de rock: presentamos el libro en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Villa Alemana, palacios por aquí, palacios por allá, festivales por doquier. Buenos tiempos, sin duda. En eso conocí a Felipe Tapia, valga el espacio para mencionarlo. Y bueno, de uno u otro modo, desde esas travesías fui conociendo a todos los demás que me rodean hoy en día en esta cosa apodada «ciencia ficción». La familia ha crecido de manera exponencial y espero que siga creciendo (no me cabe duda de que lo hará, de hecho). Mención honrosa se lleva Julie Capell: la conocí por primera vez presentando con Puerto de Escape en la Biblioteca Severín. Luego la «reencontré» al leer su crítica sobre Más espacio…, la única que tengo en inglés. Súmense días por delante y ahora ya somos amigos y recientemente trabajamos juntos en la traducción de uno de mis cuentos (sorpresa: esto sí que me lo prohibieron revelar; pero se viene). Julie está actualmente en Estados Unidos. ¿Ven como todo se une? Y eso que estoy resumiendo.

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Han pasado muchos años desde aquel primer encuentro. La última vez que vi a Marcelo en persona, prepandemia, fue para mi matrimonio, acompañado de su maravillosa esposa Fabiola y su genial hija Sofía. ¿Quién lo diría? Ahí estábamos, ahora con grandes amistades ALCIFF de por medio y su respectiva extensión. Puerto de Escape, se podría decir, estuvo ahí presente. Puerto de Escape es un puerto al que me atrevo a llamarle «hogar», y donde todavía queda espacio para muchos otros más. ¡Oh, loca y sensual editorial porteña, tanto libro bueno que me has permitido leer! ¡Cómo olvidar, por ejemplo, esa joya que es Misión a Laozi! Y si algún libro «malo» (Martín Felipe Castagnet duda de que existan libros «malos» y yo le creo bastante) hubiese existido de por medio, ¡a quién le importa! ¡Puerto de Escape, mon amour!

Desde mis primeros pasos como escritor va más de una década. Hoy por hoy, me deleito viendo tanta editorial, cuando me basta cerrar los ojos y recordar cuando no había más que una (y quizá otra por ahí en la oscuridad). Veo a Tríada, que nos dio Imaginarias; Áurea, que me permitió gozar hace poco Alternativa S.A; Cathartes, que sacó recientemente Confinamiento, donde aparezco; Segismundo, desde donde leí por primera vez a Rosselot; Forja, donde aparece la genial Alicia Fenieux; Fénix Dorado, donde pone sus energías mi amiga Yamila Huerta; Biblioteca de Chilenia, donde tengo pendiente la lectura de Chile Mutante, de Diego Escobedo; Ignición, por allá en el sur; y, ahora, la más reciente: Sietch Ediciones, de mi amigo Michel Deb, también conocido como Guarko. Esta vez, eso sí, ha sucedido algo distinto; para mí, por lo menos: ese Sietch me ha convocado a ser parte de sus líneas, no solo como escritor (con quienes ya llevo dos proyectos realizados), sino que ahora como editor (siendo la editora en jefe, como corresponde, la experta Jean Véliz, y no yo, solo un médico hiperquinético y apasionado). Es raro, pero sé que puedo ser un aporte y podré compartir aquello que todo este trayecto me ha enseñado. Hay varios libros, de hecho, que tengo en mente para editar (sí, tú, ya sabes a quién me refiero). Aun así, mon amour, mi Puerto de Escape, no te confundas: mi corazón literario vive en ti. Esto no es fragmentarlo, es extenderlo; y descuida, llevo tatuadas tus lecciones. Dejando de lado lo poético (imposible), hago un spoiler (para ti, Marcelo, también): estoy trabajando en una novela de ciencia ficción criolla que espero enviarle a Puerto de Escape de aquí al 2021. He seguido las recomendaciones del maestro. ¡Calma, Sietch, calma! Tengo otra para ti también, procurando tu línea y tus gustos particulares (¡y que me juzgue Jean Véliz!). Somos parte del Sietch.

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Marcelo Novoa sigue siendo mi maestro y lo será, por definición, hasta que las letras me abandonen. Soy uno de sus discípulos: alegre y motivado. Puerto de Escape es un hogar que visitaré hasta que así se me permita y extiendo a muchos más la invitación. Que vengan otros 15 años y me vea escribiendo una nueva carta de admiración en el año 2035.

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si enarbolé lucidez

rechazo ahí mi reino

calma huesos calma

todavía me conmuevo

—arte cortante, marcelo novoa

 

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2 Comments on “Puerto de Escape, mon amour

  1. Gracias amigo, de corazón! Nunca he pretendido tener discípulos, pues otro amigo escritor ya ido me enseñó que siempre será mejor tener iguales. Y ese eres para mí, amigo compañero leal. Tu bondadosa generosidad no tiene límites, igual que tú talento y energía convocante! Que sigan creciendo tus éxitos y bendiciones, ahora en familia!

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  2. Leonardo – Qué bueno saber la historia de cómo conociste a Marcelo y te uniste a Puerto de Escape. Yo también me siento discípulo y admirador de lo que Marcelo ha podido construir. El me acogió cuando recién llegué a Valparaíso y he aprendido mucho de él. Y bien recuerdo haber asistido a la presentación que hiciste en la biblioteca Severín de Valparaíso cuando recién salió tu libro, que sigue siendo uno de los mejores libros de cuentos cortos de ciencia ficción que he leído. Pensándolo, nuestra amistad a la distancia es algo que pocos años atrás hubiera sido nada menos que ciencia ficción. Que me confiaste con traducir tu obra fue una honra y experiencia inolvidable. No sé cómo tienes la energía para ser un doctor y además seguir escribiendo y dando tu apoyo al universo de ciencia ficción en Castellano, pero tu voz es imprescindible. Alzas las voces internacionales de ciencia ficción, donde se está escribiendo las cosas más novedosas hoy en día, pero pocas personas se dan cuenta de eso. Por eso es importantísimo traducir más obras al inglés, para poder presentar estas ideas nuevas a un público mayor. Espero poder seguir tus aventuras y escrituras por muchos años más.

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