No puedo permitir que termine este año 2020 sin realizar un homenaje personal a Somos Lenguados. Escribo, ahora, a un puñado de horas para recibir al seductor 2021, riendo con la ironía dulce —ya verá usted— del tiempo que se me esfuma tan rápida y fácilmente (bien aprovechado, eso sí; creo, no me quejo, parece; ¿quién duerme, de todos modos, hoy por hoy?).

¡Somos Lenguados, entonces! Que se autodefine así: “un espacio que busca poner en perspectiva el lenguaje y plantear más dudas que certezas. Es hora de que los hablantes nos tomemos la palabra”. Y lo pueden encontrar, en gloria y majestad, por Instagram (mi favorita de las RRSS). Este proyecto que les menciono es liderado por el seco y genial David E. Muñoz Ballier (a quien realmente va el homenaje), docente y divulgador sobre las relaciones entre lenguaje, cognición y cultura. ¿Suena bien, cierto? ¡Lo es! Y es que David ha generado espacios de conversación tan apasionantes como el lenguaje mismo, abriendo noches con vino tinto para filosofar al estilo digital del nuevo mundo.

Tuve la fortuna de ser invitado a uno de estos encuentros, en mi calidad de médico y escritor. Esta fue la introducción realiza por David (que copio textual, porque me encantó):

“Un médico-escritor es un médico que escribe de modo creativo en campos fuera de la práctica de la medicina. La figura parece un tanto obvia; sin embargo, no resulta baladí la aclaración, puesto que las relaciones entre medicina y literatura pueden observarse desde las más diversas y variopintas perspectivas: médicos-escritores, la enfermedad como protagonista, la literatura en el aprendizaje de la medicina, la literatura como terapia y la narrativa médica, entre otras. Cualquiera fuere el énfasis, pareciera que en todas las posibilidades se nos presenta como bajo continuo una idea: algo hay en la práctica de la medicina que provee de una situación privilegiada en la exploración de cuestiones fundamentalmente humanas.

La literatura, entre tantas bondades, nos permite visitar registros de usos, costumbres y prácticas de diferentes épocas y de las más diversas comunidades. De este modo, en múltiples obras literarias podemos encontrarnos con variaciones en la valoración de la labor médica; desde el médico a palos de Molière, pasando por el Víctor Frankenstein de Shelley o llegando al doctor Jekyll de Stevenson. Sin embargo, más allá́ de los personajes de ficción ¿qué reflexiones realizan los médicos escritores contemporáneos sobre esta “doble militancia”? ¿cómo cultivar en simultáneo dos labores que consumen tanto tiempo? ¿el ejercicio médico tiene un lugar privilegiado en el acceso a lo más humanamente sensible? ¿el modelo educativo posibilita que las personas podamos imaginarnos realizando labores de aparente tan distinta naturaleza?

Un tinto, muchas preguntas y Leonardo Espinoza Benavides, médico cirujano y escritor-editor de literatura de ciencia ficción, nos acompañarán en el episodio N°7 de Vida, Insomnio y Palabra: un live para hablar sobre sobre literatura, ciencia y filosofía.”

Literatura, ciencia y filosofía, pero además hubo imprevistos y risas que hasta el día de hoy me hacen recordar con cariño ese momento: Instagram tratando de boicotear nuestro laboratorio semántico-etílico, ¡infructuosamente! Lo que hubo fue un diálogo maravilloso. ¿Y el tópico en cuestión? Uff… qué tema. Medicina y literatura, tropo que jamás me abandona, siendo gran parte de mi propia vida y existencia, verdaderamente. Sin embargo, en Somos Lenguados fue diferente: acá la cuestión radicaba en “la palabra”, y todo lo que ello compete. Lo pasamos bien esa noche de cercanía por pantallas.

Medicina y literatura, el médico y el escritor, el que practica y escribe, activo en ambos campos: pues, mi homenaje será a través de un artículo que les quiero compartir, por partes, por fragmentos, por momentos. Un paper que, si bien no es del todo actual, es el que, a mi juicio, mejor aborda la temática (y sí, busqué en PubMed). Prepárese, querido visitante-lector-espejo, para un poco de inglés y español (que, si me pongo a traducir el texto, no termino antes de los fuegos artificiales). Vamos. Vamos un poco al siguiente análisis. La esencia del tema: la esencia, a su vez, de la mera existencia de médicos-escritores.

Literature and medicine:
physician-writers [of prose]

M. Faith McLellan
The Lancet, 1997

En parte, lo que abre lo interesante de esta profesión-doble es que son “two demanding and absorbing occupations”, y que “a very few managed to juggle both (…) throughout their lives”. Puedo decirles que la pandemia no alivianó la carga de ninguna de las dos. El artículo incursiona, específicamente, en médicos que ejercen la medicina a la vez que producen obras literarias, con enfoque en los que utilizan la prosa (porque hay otro artículo dedicado a los/las poetas). ¿Dónde está la esencia de aquellos individuos que, por alguna u otra razón, son activos en estas dos ocupaciones, de compleja relación entre sí? El ejemplo más popular es el de Antón Chéjov, con sus dos amores, el médico-escritor quizás por excelencia (teórica), de quien, sin embargo, podemos citar varias de sus respectivas dificultades vitales (“the continuing medical maelstrom of his divided life”), que no impidieron, claro, que perseverara. (Siempre pienso hasta qué punto hay libertad, motivación, destino, sesgo; da para otro conversatorio).

Antes de regalarles las maravillas que elucubra McLellan en torno a esto, les comento una división esquemática de los médicos-escritores que me ha gustado bastante:

Three types of literary works by physicians

  1. The expanded case history: “romantic science” (e.g. Freud, Luria, Sacks).
  2. Cases for scientific speculation or messages to convey: “a hybrid form” (e.g Mitchell, Selzer).
  3. Fiction: “literary experimentation” (e.g. Smollet, Chéjov).

Interesante. Y es ese grupo número 3 el más apasionante en términos artísticos y sobre el cual radica todo este análisis. El médico o la médica que, manteniendo activa su profesión, es además escritora o escritor de ficción, muchas veces sin relación explícita con su oficio en la salud. ¡Ah! ¿Por dónde deambulan las respuestas a esa relación?

Que lo diga el mismo McLellan, porque no quiero filtrarles mi interpretación; tan solo acomodé los fragmentos que me permiten hilvanar la concepción. Leámoslo, entonces, juntos:

Medicine becoming “a window to look at the human endeavor”

The translation of what is seen through this window onto the page is the act that links medicine and literature: “For both are ways of looking at man and both are, at heart, moral enterprises. Both must start by seeing life bare, without averting their gaze.” This way of seeing, which culminates in a text, may be related to what the French philosopher Michel Foucault called the clinical gaze, “a subtle form of perception that must take account of each particular equilibrium.” For Foucault, this particularity rests in the individual patient, which is likewise often the starting point for a physician-writer’s exploration of larger themes. Experiences with patients provide, for persons of sensitivity, insight, and literary gifts, rich material with potentially important effects on medical practice. The clinical gaze may thus have much in common with the artist’s eye, the writer’s sensibility.

Apart from the mechanics of writing, the most compelling link between the dual professions of the physician-writer is the construction of narrative. Doctors and writers share certain fundamental values and interests, though these connections are not always obvious. Practitioners of both arts share a curiosity about other people’s lives, as well as needs and desires to communicate. Both are engaged in an often complex process of identification with and detachment from their subjects—close enough for compassion, distanced enough for critique. And both are involved in making meaning of experience, in ways they may not even fully understand.

Physicians and literary scholars have dissected the relationship between clinical work and narrative methods. Storytelling is the basic unit of medical epistemology.

¿Qué les parece? Me gusta la perspectiva, me gusta la conexión…

Es, a mi parecer, una maravilla de artículo (nótese que salió en The Lancet). Ojalá hubiera muchos más de esta índole (o tal vez no sé donde están, simplemente; o tal vez… ¡¿debiese yo mismo hacer uno?!).

Ahí está en gran parte, entre los párrafos anglo-escritores de McLellan, lo que también creo que es la unidad entre medicina y literatura, cuando estas se conjugan e impregnan en un individuo. Siendo las 2.30AM un día miércoles de semana laboral, prefiero que el artículo hable por mí. Yo asiento.

Y me identifico en algo con Walker Percy, “who once described himself as “the happiest doctor who ever got tuberculosis,” because his illness allowed him to leave the profession for full-time writing argued that, in addition to a broad, shared subject matter, the work of doctors and novelists involves identical analytical skills”.

No hay conclusión, solo percepción, solo… Arte y Lo Humano.

Gracias, David, por haberme invitado a Somos Lenguados. Gracias a eso fui a dar con este artículo y lo que lo rodea. Y el viaje es, y sigue siendo, espectacular. ¡Que nos sigamos tomando la palabra!

When physicians become writers, whatever their subject, they are in a sense only transferring their storytelling from one arena to another, reaffirming that, whether it originates in the clinic or at the writer’s desk, “the sound of story is the dominant sound of our lives”.

Los invito a leer a David, que publica regularmente en el diario El Salvador.